Nuevamente el JNE y las ONGs

Ya es hora que el JNE comprenda que los activistas de las ONGs se unen para dinamitar la estructura del Estado. Lo hacen por afinidad de ideas zurdas y por antiguas vinculaciones ideológicas y amicales. Dicho sea de paso, a diario las ONGs cobran gruesos favores exigiendo puestos y prebendas estratégicas al interior del gobierno, sin perder de vista los jugosos nexos que mantienen con secretos donantes extranjeros. Grupos de izquierda europea, asiática y norteamericana paradójicamente el propio gobierno derechista de George Bush financian a muchas ONGs considerándolas “defensoras” de los derechos humanos y de la estabilidad democrática.
Por ello creemos que a estas alturas el JNE debería convencerse de algo: las ONGs pretenden reemplazarlo. También aspiran a sustituir a los partidos políticos. ¿Por qué? Porque la mayoría de ONGs responden a la voluntad de grandes consorcios extranjeros ávidos por desarticular y reemplazar a cualquier costo al Estado peruano.

Por ello creemos que es hora que el país comprenda que los directivos de las ONGs esos bon vivants post-marxistas con bolsillo de payaso que se alimentan de fundaciones anónimas extranjeras han convertido a sus organizaciones en vehículos ideales para colocar en el epicentro del Estado con sueldos dorados y privilegios sin parangón a sus ociosos miembros ideológicamente afines al resentimiento y a la lucha de clase. También a sus amigos “profesionales” que promocionan la cursilería socialistoide llamada sociedad civil. ¿Con qué objeto? Promover desde allí sus ideologías y prácticas políticas compatibles y complementarias con la desmantelación del Estado y la desarticulación de las instituciones públicas.

Por último, el país necesita saber que las ONGs fomentan un tipo reprobable de colonialismo y dependencia política y económica. Sus proyectos están concebidos sólo para satisfacer a sus financistas: un sector comprendido por centros secretivos del exterior que aspira a manejar nuestro Estado. Para ello a través de informes que incluso llegan a poner en peligro la seguridad jurídica del Estado– las ONGs reportan directamente información privilegiada a instituciones foráneas, en procura de asegurar jugosas donaciones arcanas como sustento presupuestal.

Es indudable que existe un “lado muy oscuro” de las ONGs. El país necesita saberlo, reconocerlo y preguntarse: ¿Sobrevalúan las ONGs sus egresos? ¿Lucran del Estado? ¿Representan intereses extranjeros? Finalmente, la expectativa, los intereses y las funciones de las ONGs, ¿hasta qué punto debilitan y destruyen la estructura del país?

Expreso
30 de enero del 2006

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